Se asegura que el ahora veterano político, nacido en la ciudad de Santiago de los Caballeros el 25 de febrero de 1940, fue impedido de alcanzar la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA), por el voto negativo que entonces dio su correligionario y jefe político, el entonces presidente de la República, Joaquín Balaguer.
Para esa fecha, Gómez Bergés desempeñaba el puesto de canciller de la República, y había conseguido el apoyo de casi la mayoría de los miembros del organismo internacional.
Joaquín Balaguer
Balaguer, al parecer, no se sintió a gusto con el crecimiento político de Gómez Bergés, quien fundó una organización político-juvenil integrada por jóvenes académicamente preparados unos; y otros, curtidos en el quehacer socio-político-intelectual. La organización se llamó Movimiento Nacional de la Juventud (MNJ), la que finalmente se deshizo, al integrarse de pleno, toda su membresía, al Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que lideraba Balaguer.
Tiempo después Gómez Bergés fue expulsado del PRSC, y más adelante, el mismo Balaguer permitió su retorno al partido, y dándole más participación dentro del mismo.
Con menos valor, que un papel sanitario, usado
Pero antes, había hecho un insultante pronunciamiento personal contra Gómez Bergés (el más fuerte que hizo el caudillo en su vida pública,) diciendo del ex canciller de la República que valía menos que un papel de inodoro, usado.
Tal aseveración de Balaguer sirvió de termómetro para saber cuán grande era su disgusto contra el fundador del Movimiento Nacional de la Juventud, pues a otro dirigente Reformista también lo sacudió con palabras fuertes: Fernando Álvarez Bogaert, pero nunca con la intensidad y forma tan acerba, como lo hizo contra Gómez Bergés.
Tiempo después, Balaguer hizo otro pronunciamiento soez, público, pero éste no fue contra correligionario suyo alguno, sino contra el líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), José Francisco Peña Gómez. De éste, dijo Balaguer, para contestar a un pronunciamiento del dirigente perredeista, que “se hizo pupo fuera del cajón.”
“Las causas de dos derrotas”
En 1984, Gómez Bergés puso a circular, durante un acto efectuado en La Casa de Bastidas, en el sector colonial de Santo Domingo, un libro que había escrito en Roma, durante su estadía allí como Embajador dominicano ante la Santa Sede. A ese acto asistimos, como uno de los invitados de Gómez Bergés, así como el entonces presidente de la República, doctor Salvador Jorge Blanco, y Rafael Herrera, a la sazón director del matutino Listín Diario, entre otros asistentes.
En la obra, Gómez Bergés concluye en que en las derrotas electorales que sufrió el Partido Reformista en 1978 y 1982, “Balaguer fue el principal responsable de que se perdieran esas dos elecciones. Sin embargo, contrario a lo que se estila en los países democráticos, que cuando un candidato pierde unas elecciones es relevado por otros líderes en las subsiguientes jornadas electorales, el Partido Reformista ha seguido siendo dirigido por él, como si no hubiera nadie dentro de la organización con capacidad y condiciones para ocupar esas posiciones, y lo peor aún, con claras y evidentes aspiraciones de volver a ser candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de 1986, aún cuando las principales causas de las derrotas de 1978 y 1982 siguen latentes y otras han aumentado.”
Dice también Gómez Bergés en dicha obra que “Balaguer se ha ocupado, cuando a alguien dentro de la organización el pueblo le manifiesta simpatías o ha dado demostraciones de poseer capacidad y liderazgo, de tratar de desprestigiarlo o disminuirlo, utilizando mecanismo que maneja muy bien, como son, enfrentarle en unos casos, lo peor que tenga a su lado y que se presente a este denigrante papel, o aupando la mediocridad para enfrentar la capacidad, la seriedad y la lealtad sin sumisión, condiciones para las que no ha dado muestras de tener capacidad de tolerancia, a menos que no estén acompañadas de una incondicionalidad despersonalizante y humillante. Esto sobre todo, después que se encuentra en la oposición.”
Luego, la reconciliación
Tiempo después, Balaguer le reconoció importancia política a Gómez Bergés y lo atrajo nuevamente al PRSC, y con él estuvo hasta los días finales del caudillo, enfrentando acusaciones que correligionarios suyos como el ex vicepresidente de la República, Jacinto Peynado hacía contra otros dirigentes de ese partido.
La actitud conciliadora de Balaguer para con Gómez Bergés resultó ser una excepción en su estilo de dirigir la política dentro de su partido, pues con Fernando Álvarez Bogaert, que fue figura también de principalía dentro del PRSC, no hubo reconciliación política.
Después que Álvarez Bogaert se enfrentó a Balaguer, fue varias veces a casa del caudillo en procura de reconciliación, pero esto sólo ocurrió, al parecer, en el plano personal, pero no político.
Se recuerda que en unas elecciones primarias libres, dentro del PRSC, Álvarez Bogaert fue escogido por las mayorías reformistas como su candidato vicepresidencial; esa elección molestó tanto a Balaguer, que amenazó con no sólo renunciar a la presidencia
En 1984, Gómez Bergés puso a circular, durante un acto efectuado en La Casa de Bastidas, en el sector colonial de Santo Domingo, un libro que había escrito en Roma, durante su estadía allí como Embajador dominicano ante la Santa Sede. A ese acto asistimos, como uno de los invitados de Gómez Bergés, así como el entonces presidente de la República, doctor Salvador Jorge Blanco, y Rafael Herrera, a la sazón director del matutino Listín Diario, entre otros asistentes.
En la obra, Gómez Bergés concluye en que en las derrotas electorales que sufrió el Partido Reformista en 1978 y 1982, “Balaguer fue el principal responsable de que se perdieran esas dos elecciones. Sin embargo, contrario a lo que se estila en los países democráticos, que cuando un candidato pierde unas elecciones es relevado por otros líderes en las subsiguientes jornadas electorales, el Partido Reformista ha seguido siendo dirigido por él, como si no hubiera nadie dentro de la organización con capacidad y condiciones para ocupar esas posiciones, y lo peor aún, con claras y evidentes aspiraciones de volver a ser candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de 1986, aún cuando las principales causas de las derrotas de 1978 y 1982 siguen latentes y otras han aumentado.”
Dice también Gómez Bergés en dicha obra que “Balaguer se ha ocupado, cuando a alguien dentro de la organización el pueblo le manifiesta simpatías o ha dado demostraciones de poseer capacidad y liderazgo, de tratar de desprestigiarlo o disminuirlo, utilizando mecanismo que maneja muy bien, como son, enfrentarle en unos casos, lo peor que tenga a su lado y que se presente a este denigrante papel, o aupando la mediocridad para enfrentar la capacidad, la seriedad y la lealtad sin sumisión, condiciones para las que no ha dado muestras de tener capacidad de tolerancia, a menos que no estén acompañadas de una incondicionalidad despersonalizante y humillante. Esto sobre todo, después que se encuentra en la oposición.”
Luego, la reconciliación
Tiempo después, Balaguer le reconoció importancia política a Gómez Bergés y lo atrajo nuevamente al PRSC, y con él estuvo hasta los días finales del caudillo, enfrentando acusaciones que correligionarios suyos como el ex vicepresidente de la República, Jacinto Peynado hacía contra otros dirigentes de ese partido.
La actitud conciliadora de Balaguer para con Gómez Bergés resultó ser una excepción en su estilo de dirigir la política dentro de su partido, pues con Fernando Álvarez Bogaert, que fue figura también de principalía dentro del PRSC, no hubo reconciliación política.
Después que Álvarez Bogaert se enfrentó a Balaguer, fue varias veces a casa del caudillo en procura de reconciliación, pero esto sólo ocurrió, al parecer, en el plano personal, pero no político.
Se recuerda que en unas elecciones primarias libres, dentro del PRSC, Álvarez Bogaert fue escogido por las mayorías reformistas como su candidato vicepresidencial; esa elección molestó tanto a Balaguer, que amenazó con no sólo renunciar a la presidencia


